La fiebre de Pitti me ha contagiado también a mí y el jueves pasé toda la tarde en Florencia. En las vidrieras los flash de la moda para el próximo invierno, por las calles innumerables adictas a la moda y gente del ambiente: ha sido fantástico incluso solo pasear. Pero yo fui con un objetivo preciso: ver la exposición de Karl Lagerfeld, diseñador que adoro y hombre de cultura. Un evento que ha vuelto a abrir la Sala Blanca a la moda después de una larga ausencia.

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El recorrido de la exposición (abierta hasta el próximo 23 de octubre) es una verdadera maravilla: se desarrolla a través de la Escalera del Moro, pasando por la Galería Palatina hasta la Sala y a las dos salas de los Apartamentos de los Tapices. Las fotos de Lagerfeld– reconozco que no soy muy imparcial – las he encontrado de verdad maravillosas: elegantísimas y a la vez contemporáneas crean un contraste sublime con los ambientes neoclásicos de Palacio Pitti.

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Después de la exposición he quedado con Beppe para una cena en la Bottega del Buon Caffè, con el chef que puede presumir de una estrella Michelin Antonello Sardi. Una verdadera experiencia del gusto: mise en place de innovación pero también de productos genuinos que cultiva en su huerto situado en la finca Borgo Santo Pietro, misma propiedad pero en el campo de Toscana. Yo he comido una fantástica creme brulée de Foie Gras con helado de cebolla roja, ravioli en el plin rellenos de lengua con salsa verde y salsa de tomate (la pringá versión gourmet) y perdiz de Fiesole con ensalada fresca, perfecto equilibrio de sabores entre fresco y fuerte. El cheesecake: un pecado al que no se podía resistir!

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